Alfonso Fernández Martínez

Cuando estudiamos el liderazgo educativo, ¿dónde ponemos el foco?

Lo hacemos desde el análisis de las características de cada una de los cuatro tipos de liderazgo: estratégico, distribuido, pedagógico y ético.

Somos conscientes de que cuando hacemos este análisis, ponemos de relieve una imagen deformada de la realidad, ya que colocamos el foco solo sobre una parte de las múltiples cualidades que reúnen los directivos escolares para liderar sus centros.

Poner la lupa nos permite ampliar y desarrollar en profundidad las cualidades que queremos resaltar, pero esto no nos puede llevar a equívoco. Cada una de los componentes del equipo directivo de un centro aglutina de una manera personal, su capacidad para pensar en el futuro de su escuela y convertirlo en realidad (liderazgo estratégico), junto con la habilidad pedagógica de poner las bases para la mejora de la enseñanza del profesorado y, por medio de esta, de los aprendizajes del alumnado (liderazgo pedagógico), a la vez que su destreza a la hora de suscitar la motivación y el compromiso necesarios por parte de su comunidad educativa para encaminarse hacia la meta diseñada y llevar a cabo los cambios que se precisan para ello (liderazgo distribuido). Y todo esto sin olvidar el componente ético presente en cada una de las actuaciones de los directivos escolares, los códigos deontológicos de la profesión.

Por tanto, creemos que la cuestión no es si hay que convertirse en un líder de pedagógico, distribuido, estratégico o ético, sino qué aprendizaje se puede derivar de cada perspectiva para convertirse en un líder educativo más efectivo, y cómo se pueden incorporar aspectos de cada tipo para ampliar y mejorar esta capacidad de liderazgo.

 

La dificultad de encontrar hoy en día evidencias precisas y asentadas

El actual desarrollo de los modelos y marcos teóricos en educación no permite disponer de un cuerpo sólido e irrefutable de evidencias que guíen la actuación de los líderes escolares y los educadores. En definitiva, aún tenemos un conocimiento limitado sobre cómo mejorar la educación y cómo diseñar las soluciones que ayuden a superar los problemas que acucian a los sistemas educativos, las escuelas y sus profesionales. Eso sí, disponemos ya de varias certezas asentadas que han ido tomando fuerza a partir de conceptualización de las prácticas educativas más eficaces y que nos ayudan a diferenciar lo esencial de lo superfluo.

 

El entorno de los centros: un factor clave para las intervenciones directivas

Las intervenciones de los líderes escolares están profundamente ligadas al contexto en el que actúan, en un doble sentido. Por un lado, deben dar una respuesta a las necesidades que el entorno plantea a su escuela y, por otro, también deben responder al contexto interno de s organización, sus expectativas, retos y competencias para construir unas metas compartidas. Este componente contextual del liderazgo es un elemento esencial en las organizaciones educativas.

Los líderes educativos toman en consideración muchas variables, como el tiempo, el lugar, las personas, la cultura y clima y las expectativas. Son conscientes de que no existen recetas universales que se puedan aplicar indistintamente aquí y allá, por lo que tratan de ajustar sus actuaciones a las características particulares de sus centros.

 

La mirada única sobre su centro desde la atalaya de la dirección

El liderazgo que practican los directivos escolares se ejerce desde una atalaya especial, aquella que permite ver sistémicamente la organización, sus partes y cómo interaccionan estas de forma única y diferente en cada caso. Las organizaciones escolares son sistemas interdependientes e interconectados, de tal manera que los líderes saben que cuando toman decisiones sobre una parte de la organización, tienen impacto en otras partes de esta.

Esta mirada global sobre el centro únicamente la pueden ejercer las direcciones escolares. De aquí la importancia de educarla, de formarla para aumentar la eficacia directiva.

 

Una dirección colegiada

Cuando nos referimos a la dirección escolar nunca estamos pensando únicamente en el director o directora del centro.

Concebimos el ejercicio directivo de forma colegiada, con el apoyo y sostén de la totalidad de los componentes del equipo. La organización, estructuración y tipo de relaciones que se establecen dentro del equipo directivo constituyen uno de los factores transversales que afectan a la totalidad del centro educativo. ¿Cómo? Por medio de la eficacia de sus actuaciones, del reparto interno del poder, de la capacidad y forma de decidir, y también de la coherencia interna en el equipo.

 

Gestión y liderazgo

Sin restar la importancia que tiene la gestión para cualquier organización, existen muchas evidencias de la investigación que indican que las tareas de liderazgo suponen mucho más que las derivadas únicamente de la gestión. Actualmente, se entiende que los líderes educativos deben focalizar sus intervenciones en los aspectos curriculares y los cambios que aseguren la calidad de la enseñanza del profesorado y, mediante esta, los aprendizajes del alumnado, de todo el alumnado.

 

Un liderazgo basado en el trabajo eficaz de los profesionales

Los líderes ejercen su influencia sobre el objetivo último de su organización de maneras esencialmente indirectas: intervienen sobre las personas y también sobre la estructura organizativa. Ya que ellos solos no pueden materializar directamente el cambio que requiere la organización para alcanzar sus metas, tienen la capacidad de lograrlo por medio de quienes les rodean y de cómo se organizan.

 

PARA PROFUNDIZAR

Ver los dossieres de Herramientas para la Dirección, Revista DyLE